domingo, 11 de septiembre de 2011

Divagues existenciales (I)

Esperando respuestas siempre  difusas y de despojadas de sus variopintos  sentidos se encuentra el hombre corroído. ¿Puede uno asumirse por completo  ciego y no ver cómo nos engañamos  al especular lo incierto? La vida muestra sus acertijos encriptados en las cenizas de lo que no fue, pero "pudo haber sido".
No es negro ni blanco. No hay arcoíris. La realidad es un menjunje de ingredientes picantes y psicodélicos, pero en el andar de lo facto, el sueño no es más que el producto de un fuerte somnífero suministrado  para entretenernos en las horas muertas que el  tiempo no vela.
¿Es mejor amoratarse en vida por causa del propio engaño o más coherente culpar y odiar al desengaño cuando el cielo es el infierno y del infierno estamos exiliados? Romper el dogmatismo que encierra las producciones culturales de nuestra existencia y el cambio de paradigmas sobre lo que se creía que era - si no se está preparado- es a la larga un enfrascamiento de los "sin sentido".
Buscar respuestas fuera de uno mismo sin asimilar las condiciones internas que nos limitan es a la larga tratar de romper el cascaron desde afuera. Dentro las respuestas   y las paredes una máscara  que hay romper con rebeldía  para dejar de ser potencia a "ser" y empezar a "ser" para vivir en armonía.

No hay comentarios:

Publicar un comentario