sábado, 4 de septiembre de 2010

Deontología Periodística

El periodista y la construcción ética de la realidad


El historiador y experto en Historia del Libro y Ediciones Literarias, Roger Chartier, formuló una hipótesis interesante sobre la construcción del sentido efectuada en la lectura. A través de textos periodísticos, los individuos pueden crear su propia percepción sobre los diversos procesos sociales. “Las verificaciones múltiples y móviles de un texto dependen de las formas a través de las cuales son recibidas por los lectores (o sus auditores)”.

El periodismo es un proceso de construcción de realidades, por ende, esa representación no puede ser objetiva. El subjetivismo en periodismo debe estar sometido a una profunda reflexión deontológica, es decir a un continuo planteamiento sobre los deberes y obligaciones morales que en “teoría” debería tener todo profesional de la comunicación.

La editorialización de la información es una evidencia “objetiva” de la subjetividad radical de un periodista. Si por principios básicos de periodismo, en las facultades de Ciencias de la Comunicación de todo el mundo, se enseña lo que no se debe hacer en esta profesión y uno absorbe hasta el hartazgo todo lo relacionado a las normas éticas y morales en general, se plantea lo siguiente:

Si tenemos la capacidad de discernir lo moralmente bueno de lo malo, ¿qué impulsa a un periodista -consciente de que su trabajo implica la manipulación de la conciencia y la influencia sobre la conducta de los lectores -a emitir opinión como información, teniendo en cuenta lo incorrecto de la acción.

La respuesta al planteamiento ético se da a partir de una reflexión filosófica sobre la realidad radical. No se puede entender la vida prescindiendo de las circunstancias.

“Las circunstancias del ser humano abarcan todo lo que forma parte de nuestra vida. Por tener cada individuo sus propias circunstancias, también tiene su punto de vista del mundo, dependiendo de ellas. El pensamiento nos hace conscientes de ellas”.

Lo subjetivo es la sombra del hombre, las marcas impregnadas de sus experiencias y las cuales lo motivan a tomar ciertas posturas. El periodista con su poder de convencimiento se asemeja a cualquier Dios pagano reencarnado en primate.

Pretender objetividad, es pretender ser neutro. El periodista en este siglo de la información y comunicación global, fuera de toda cuestión ética, es el artífice de la representación: buena ( poner en debate la posibilidad del matrimonio de personas del mismo sexo en el país y apoyar a la igualdad)o mala (crear un ambiente tenso ante una eventual guerra contra Bolivia), al final esa representación es quien cambia los procesos culturales.

Entonces la ética y la representación de la realidad dependen del periodista. Hecho que podemos resumir en esta frase: Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo. Ortega y Gasset.

Juan Pérez Acosta 08/2010

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