La acuciante necesidad del gobierno de extirpar la delincuencia organizada del norte del país, sin sopesar “los contras” de la situación, proporcionó como respuesta extrema, declarar un régimen de excepción en cinco departamentos del país: Concepción, San Pedro, Alto Paraguay, Amambay y Presidente Hayes.
La declaración del Estado de Excepción contemplada en la Constitución Nacional (artículo 288) es un mecanismo que dicta el gobierno en situaciones excepcionales, como una conmoción interior que ponga en peligro el imperio de la Constitución o el funcionamiento regular de los órganos creados por ella.
La declaración del Estado de Excepción contemplada en la Constitución Nacional (artículo 288) es un mecanismo que dicta el gobierno en situaciones excepcionales, como una conmoción interior que ponga en peligro el imperio de la Constitución o el funcionamiento regular de los órganos creados por ella.
Las razones y los hechos que se argumentaron para decretar la suspensión de los derechos fundamentales del hombre en el norte del país, debieron construirse con responsabilidad institucional. El objetivo de frenar la ola delictiva, a los narcos y apresar a los miembros del EPP, queda corto cuando no se tiene la capacidad para hacerlo.
Nunca existió voluntad real en el pasado para contener la criminalidad, pero siempre existieron los mecanismos ordinarios luchar contra la delincuencia. Pero ¿La fuerza pública está preparada para desenvolverse correctamente en una situación excepcional? ¿Existe tal situación excepcional? ¿Se puede confiar en la “profesionalidad” militar y en la capacidad policial?
La excepción, más allá de ser exagerada e ilegal, resalta una improvisación más del gobierno. Prueba de ello tenemos lo acaecido en Hugua Ñandú, la falta de coordinación en las tareas desplegadas evidenció la poca seriedad en la ejecución de las acciones en el marco del operativo Py´aguapy, desatando una profunda crisis en la fuerza pública. Que policías terminaran cuerpo a tierra como delincuentes y reducidos con brutalidad militar fue patético.
Desde el principio el gobierno encaró mal la situación, como siempre, el escándalo eclipsa cualquier acción, en donde no figuran responsables de alto rango.
“Los contras” del Estado de excepción ya son muchos de manera a posteriori. Hablar de legalidad o ilegalidad del tema es prematuro, pues en nuestro país luego de ocurrido un disparate empieza el debate.
Antagonismos e incoherencias en el Paraguay
El pasado 29 de abril, con la decisión de postergar por cuarta vez la entrada vigencia del Impuesto a la Renta Personal, las bancadas de la ANR y UNACE, además de Alfredo Jaeggli y Zulma Gómez (PLRA), emitieron sus votos a favor de encubrir la corrupción y la mafia.
Más allá del caduco antagonismo ideológico y enfermizo que retrasa al gobierno, la hipocresía de estos “senadores” no tiene límites. Sobre todo al poner en evidencia la manera poco seria e irresponsable de hacer oposición en país.
La vigencia del IRP, significaba el prólogo para encaminar al Paraguay en el proceso de desarrollo económico que apuestan los demás países sudamericanos con el mencionado impuesto. El IRP, es el pilar de la economía de los países de Primer Mundo y una herramienta del capitalismo, que paradójicamente tiene su origen en el Manifiesto Comunista.
El miedo absurdo del temible y satanizado “avance comunista hace que los seudos liberales, conservadores, progresistas sean protagonistas de ridículas discusiones sobre perspectivas del gobierno, en un país de complejos problemas que de fondo están arraigados culturalmente.
Los hipotéticos cuestionamientos sobre el posible mal manejo del erario público en manos de los “zurdos”, no tienen ningún peso a la hora de postergar unos de los ejes principales en la política del presidente Lugo con respecto al ordenamiento impositivo.
La película es clara y va mas allá de lo ideológico, más bien la raíz de la crisis existencial de la clase política, es la amenaza a los intereses particulares de una elite corrupta. Las excusas para postergar el nuevo sistema impositivo no son nada más que la exteriorización de la falta de madurez política, las malas intenciones y pretensiones de nuestros representantes de turno. Las ideologías pasan a ser en nuestro país conceptos carentes de contenido cuando se aplica la famosa frase de Ortega y Gasset “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.”
Los ciudadanos debemos aprender que las ideologías no hacen al hombre, más bien lo contrario.
En biología, la relación estrecha entre organismos de distintas especies se llama simbiosis. En la política paraguaya, que socialistas y capitalistas no puedan integrarse en un gobierno se llama oscurantismo.
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