domingo, 28 de agosto de 2011

El ventilador. Un relato espacial.

El silencio absoluto tiene un efecto traumático para todos aquellos que  padecen de insomnio. Las cavilaciones pre  somnum requiere de ciertos ruidos que provengan tanto del exterior como del interior  de la habitación para estimular  el sueño.
El ruido del ventilador muchas  sirve de lazo conciliador que un Morfeo enajenado ofrece  como recurso transitorio de la vigilia al sueño.  Muchas veces, el ruidito te traslada a otro mundo lejos del estrés y las previsiones futuras para cargar el siguiente día. Es un genial distractor y no puedo evitar escuchar esa  “tediosa” carencia de aceite  o ajuste (no sé qué parte del aparato) genera.  Estoy mal acostumbrado por eso no puedo dormir lejos de mis aposentos.
Ayer cuando estaba  a punto de dormir y como escuché durante la semana historias  sobre OVNIS (la abducción de la italiana me impactó)  de repente, durante la somnolencia  creí ver a la  Enterprise volando sobre mí. No escuché nada, solo lo vi pero divagué densamente por unos minutos  con  los ojos abiertos.  Era una película casera que mi imaginación y que el  ventilador  hipnótico pudo recrear en mi habitación. Desperté y el ruido me pareció tedioso porque  el sueño se escuchaba Für Elise.
Ahora entiendo que no solo el ruido del ventilador produce efectos, también la forma del ventilador en una habitación oscura y que el factor detonante de tanta ficción es la fina luz que traspasa el ventanal. Pero… ¿Qué misterio encierra los ventiladores? Tal vez sea un invento de los alienígenas para manipular nuestras mentes mientras dormimos con esa musiquita.


Destello natural

Destellantes trivialidades que enajenan inhóspita las creencias ciegas. Apartadas las  miradas a lo evidente cuando en los ojos, el secreto de las almas miente.   Un atisbo. Maremotos de silencios que despiertan las claves para leer,  en palma,  lo que lejos está de ser adventicio mal logra secuelas.
Espejos entre tú y yo. Miro en mira las imágenes que tus luces iluminan como un astro cálido. Proyecciones ficticias de guerras perdidas cuando los alados de cielo y  del  infierno no saben que en medio del arbitrio hay un portón de salida.
Eras nube en otoño, ahora eres brisa en primavera, y la flor que has cuidado con tanta vehemencia, marchita sobre la seda, el calor de tu amor hizo llama, cenizas de  vida que crece entre las piedras.
Morta de manos temblorosa,  súbita existencia de tú mendicidad. Atrévete  aspirar mi aliento que  gustoso sabré que mortaja  sabrán los girones de mi piel conectar a tus labios, lluvia de sal.
Otra vez delirante lejos de las sombras.  Torniquetes para impedir que tú veneno expurgue gotas de  olvidos. Ahora eres granizo en invierno y sequía en la luna. Del sol, efectos de umbra.

lunes, 22 de agosto de 2011

Delirios en el Edén ¿?

Pasan, pisan y me maltratan. No estoy a la altura ni en contra de la mensura. Arrastrado y alfombrando jardines guaraní existo. No soy exótico y  mucho menos bien atendido,  pero como hierva mala y mal considerada, me desraízan para no estropear elefantitos.
Puedo mantenerme intacto en la sequia y en la bonanza, se cuidarme sola aunque mi suave  tono rosa no se imponga como el carmín de las rosas. Aquí mi significado carece de alegorías mitológicas y nadie se atreve a hurgar entre mis hojas la suerte esquiva que a muchos acarician en  las sombras.
Mi grandiosidad oculta en el inmenso jardín de la locura se nota hoy, por la vaga curiosidad que tuvo Juan al hacer de de mí un poco de literatura. Es la posición de la cámara , el trébol un gigante.