Destellantes trivialidades que enajenan inhóspita las creencias ciegas. Apartadas las miradas a lo evidente cuando en los ojos, el secreto de las almas miente. Un atisbo. Maremotos de silencios que despiertan las claves para leer, en palma, lo que lejos está de ser adventicio mal logra secuelas.
Espejos entre tú y yo. Miro en mira las imágenes que tus luces iluminan como un astro cálido. Proyecciones ficticias de guerras perdidas cuando los alados de cielo y del infierno no saben que en medio del arbitrio hay un portón de salida.
Eras nube en otoño, ahora eres brisa en primavera, y la flor que has cuidado con tanta vehemencia, marchita sobre la seda, el calor de tu amor hizo llama, cenizas de vida que crece entre las piedras.
Morta de manos temblorosa, súbita existencia de tú mendicidad. Atrévete aspirar mi aliento que gustoso sabré que mortaja sabrán los girones de mi piel conectar a tus labios, lluvia de sal.

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