Pasan, pisan y me maltratan. No estoy a la altura ni en contra de la mensura. Arrastrado y alfombrando jardines guaraní existo. No soy exótico y mucho menos bien atendido, pero como hierva mala y mal considerada, me desraízan para no estropear elefantitos.
Puedo mantenerme intacto en la sequia y en la bonanza, se cuidarme sola aunque mi suave tono rosa no se imponga como el carmín de las rosas. Aquí mi significado carece de alegorías mitológicas y nadie se atreve a hurgar entre mis hojas la suerte esquiva que a muchos acarician en las sombras.
Mi grandiosidad oculta en el inmenso jardín de la locura se nota hoy, por la vaga curiosidad que tuvo Juan al hacer de de mí un poco de literatura. Es la posición de la cámara , el trébol un gigante.

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