El amor es todo aquello que encierra el verdadero sentido de la existencia humana, es la plenitud, lo que llena al hombre como hombre, es la semilla que germina del alma. Es más que un sentimiento, es vida.
Resulta asombroso y complejo estudiar el amor. Sólo una palabra encasilla diversas acepciones, cuyo sentido abarca una multiplicidad de connotaciones relativas al individuo que lo experimenta o cree experimentar. Pero, este sentimiento ¿se desprende de una cuestión divina, fisiológica o racional?
El amor, no forma parte del bien o del mal, ya que ambos se manifiestan de manera explícita con el obrar humano. Nada es absolutamente bueno, ni malo: no todo en Dios es amor, ni todo amor es una gracia. Este sentimiento sólo tiene su explicación en la percepción interna, la capacidad reflexiva de uno mismo. El “enamoramiento” como respuesta a estímulos externos, es la expresión opuesta al amor, ya forma parte de la dualidad que determina la realidad, culpar a la citosina de su capricho esporádico es culpar a la razón de su falta de raciocinio.
Cuando aparecen las primeras señales de humo, y el comportamiento coherente se nubla, así el amor tiene un matiz pasional, erótico, sexual, entonces no es amor porque se aleja del mundo ideal.
Cuando el amor sale al exterior y abandona el estado interno del yo, Nietzsche afirma: “Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal”. Es ahí, de manera categórica, elemental y superlativa que aparecen los problemas causados por un desfasado Cupido, hoy inadaptado a esta versión distorsionada de la felicidad. Todo se vuelve necesidad, egoísmo y el miedo a la soledad enfundado por convenciones sociales de tinte religioso despiertan prejuicios de nunca acabar.
La religión no tiene el monopolio único sobre la idea de lo que es el amor, lo que amar implica. Desvirtuaron el sentido del amor a tal punto que un contrato es el pseudo reflejo que determina lo que es amar desde hace siglos. Si el contrato se rompe o simplemente no quieres seguir las reglas dudosas del juego de roles, los adjetivos dulces de la falsa moral alimentan a leviatán en su versión aceptablemente social.
Nadie sabe amar, todo es desesperación, porque la respuesta al amor está dentro de mí. Si uno se suma al juego disfrazado del amor entonces, el completo sentido del amor desaparece, solo se halla el vacío. Un camino para entender el sentido del amor es conocerse a sí mismos, este soporte metodológico es la conciencia misma dotada de una moral, que descansa en la razón. El amor está dentro de cada uno, no está en los demás y no precisa de terceros, en resumen: es una doctrina de vida, es estar bien con uno mismo para ofrecer lo mejor de nuestro interior al mundo.
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