Alfonsina y el mar es una de esas canciones homenaje que me da piel de gallina cuando la escucho, sobre todo, bien temprano en la mañana o durante las largas noches de insomnio.
La divina voz de la cantante Mercedes Sosa me eriza la piel porque en cada estrofa la buena interpretación, descrita con una voz serena y cuestionadora, refleja lo que pudo haber sentido la poetiza Alfonsina Storni antes de tomar la drástica decisión de acabar con su existencia.
Hace unos años en mis cavilaciones construía el paisaje de la historia (que se remota hacia 1938) y veía a la poetiza en la playa atormentada, más que en sí misma y por lo que atravesaba, por los pensamientos suicidas del momento y que tuvo como antecedente un profundo cuadro de depresiones, pero “Sabe Dios qué angustias calló su voz”
Una vez leí (no sé dónde) que los artistas, poetas y cantantes tienen cierta inclinación hacia el suicidio por esa la sensibilidad que les caracteriza y por el pensamiento profundo que tienen. Alfonsina atada a su enfermedad (cáncer de mama), junto a esa soledad bohemia decidió llevar el espíritu a otro lado. Amigos y conocidos decían que en los últimos meses ella se había vuelto muy insegura y que siempre hablaba de no poder pagar los favores que le hacían poniéndose a llorar.
En las costas de Mar del Plata, allí decidió llevar sus últimos suspiros, bajo el agua fría y muriendo irónicamente de manera poética. Hace un mes me di cuenta que tal vez Alfonsina estuvo tranquila en el momento de ingresar al mar. Lo sé. Sentí la tranquilidad del amar en una mañana muy fría, tal vez sea la naturaleza quién invite a darte descanso, el mar, tal vez.
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